Crazy travel, vol. II

Por Javier Márquez con la ayuda de Paco, Alberto y Aitor

 

Lunes, 30 de noviembre
El primero en llegar a la estación Plaza de Armas es Alberto, que comprueba su walkman para el largo camino. La mañana no es muy fría, tal vez porque tememos la temperatura que nos espera en París. Algo antes de las 8:30 llega Javi, con sus filetes empanados y demás manjares. Ambos comentan, con un ansia oculta, el retraso de los otros dos componentes de The Sound of Simon. En ello están cuando aparece, a lo lejos, de las escalinatas, la figura de Paco, luciendo barba. Parece haber una confusión sobre si habían quedado dentro de la estación o a los pies de las escalinatas. Pasadas las 8:45, cuando lo nervios han aflorado por culpa de Aitor, éste llega con 15 minutos de retraso alegando que nos lleva esperando un buen rato a la entrada.
Ya están los cuatro, mochilas en hombro (menos Javi que lleva una bolsa de viaje que "canta un montón"), dispuestos a emprender un viaje que hasta hacía muy poco se les presentaba como algo más que improbable: ir a ver a Paul Simon.
El autobús se pone en marcha y, mirando por la ventanilla, alguno tararea Graceland o América; nada más apropiado para la ocasión. Pasados los primeros minutos del viaje, es cuestión de plantearse cómo pasarán las seis horas restantes, así que comienza la inspección de mochilas. Alberto parece haber llenado la suya en una tienda "todo a 100", porque lleva de todo, desde comida, a un buen puñado de cassettes, rotuladores, pequeños altavoces, etc. Se decide por el walkman y un par de cintas, algo que también hace Paco, con un equipaje más comedido. Javi se limita a mirar el paisaje, porque se ha dejado el walkman encima de la cama por meter los 6 packs de zumo. El asombro llega cuando Aitor desvela que todo lo que lleva en su mochila son unas camisetas (¡¡mangas cortas!!) y unos discos de vinilo de Paul ¡¡con los discos dentro!! ("Para que se apoye mejor al firmar"). El asombro continúa cuando Paco presume ante Alberto de que su walkman no está remendado con cinta aislante porque funciona estupendamente. Alberto coge entonces ese walkman y, bromeando, hace el ademán de tirarlo al suelo "Pues ya no funciona"... ¡Y lo tira de verdad!. Se le resbala, claro, pero el carajazo del walkman ya no se lo quita nadie.

Counting the cars
On the New Jersey Turnpike.
They´ve al come
To look for America
All come to look for America

Ya en Madrid, nada más bajar del autobús, localizamos la línea de metro que nos llevará a la estación de trenes; no hay demasiado tiempo y no podemos retrasarnos. Localizado el camino, hacemos la primera comida del viaje, donde Javi y Aitor llegan a un acuerdo, el primero le da algo de comer siempre que sea el bocadillo de tortilla que no le apetece; a Aitor, en cambio, le sabe a gloria.
El Metro, y al tren (menos el avión y el caballo, van a usar todos lo medios de transporte). Por el camino, fotografías varias para ilustrar el viaje. El problema: la cámara de Javi y su... carrete de fotos.
Llegan a la estación. Vueltas y más vueltas hasta la hora en la que la pantalla ponga el andén. Y, de pronto... Demorado. ¡¿Qué?!, ¡¿Cómo?!. Cola en la ventanilla de Información. Preguntan, y como no les convence la respuesta, vuelven a preguntar. Pero nada, que se ha demorado; una avería al parecer, media hora de espera. Sin embargo, la idea que todos tienen en la cabeza es la de una inspección policial. Aquella misma mañana los cabro... de ETA habían atentado en Madrid y, al fin y al cabo, aquel tren iba hasta Francia.
Pasados aquellos 30 minutos que se hicieron eternos, les dan luz verde para subir al tren. Coche 80 camas 25A -26A -21B -22B. Los cuatro en una ratonera, pero sarna con gusto no pica. Lo malo es que de pronto entra un bisnieto de Fu Manchú diciendo "¡Twenty five, twenty five!" y se sienta allí, en uno de sus sitios, ante sus caras de pasmo. "Vamos a buscar al revisor", dice Paco. "Todo lo que tú quieras", que pensaría el oriental, pero el tío no sólo no se levanta sino que empieza a deshacer el equipaje, con ellos allí delante. Algo lento y malencarado, fiel a su imagen cinematográfica, el revisor llega para hacer justicia y mandar al oriental al "¡twenty five!" del coche 81.
El tren se pone en marcha. Rebuscan todo lo rebuscable en aquel minúsculo compartimento y, ya calmados, cenan; uno bocadillos, otro filetes empanados tiesos, otro sandwich, y Aitor, frutos secos. Curiosamente, poco antes alguien ha pasado preguntando, "¿Van ha cenar en el restaurante?". Aitor pregunta cortésmente, "¿es gratis?". Sin comentarios sobre la respuesta.
Va anocheciendo y cesando el traqueteo que tiene inquieto a Paco "¿es normal que esto tiemble tanto y haga este ruido?". Y a la espera de que abrieran las camas, comienzan la creación de la pancarta. que ondearán orgullosos ante el cantautor de Nueva York. Tras varias propuestas, resulta escogida la que reza: "From Spain. No Money. No Hotel. Just Simon". Aitor trae ya preparado un trozo de sábana en la que ha hecho una curiosa caricatura de Paul, que rematará la frase que, sin ellos saberlo aún, se convertirá en una especie de eslogan en sus próximos días parisinos.
La hora de dormir. O, al menos, de apagar la luz. Los nervios, aunque ninguno lo reconozca del todo, se anudan en el estómago y sólo dejan lugar a las bromas y comentarios. Alberto, con una grabadora que saca de su maleta "multiusos" recoge frases antológicas del viaje. Pasa la medianoche y, mientras ven pasar el paisaje castellano, hacen clasificaciones sobre sus canciones preferidas de Paul Simon "Pero, ¿sólo o también con Garfunkel?".

En un lugar del norte, de cuyo nombre no pueden acordarse, Alberto, pecho descubierto, saluda a un guarda de estación. Éste, más caliente que un legionario en Ibiza, le hace ciertos gestos insinuantes con su porra por los que Alberto agradece que el tren ya se haya puesto en movimiento.
El sueño va venciendo poco a poco. No obstante, aún hubo oportunidad de que, nuevamente Alberto, avistase al "fantasma de la vía 4".
Quietud y silencio. Sólo el traqueteo del tren. Aunque, en realidad, fingen dormir. En esos momentos, su mente es una caja de resonancias, donde los ecos de The boy in the bubble, Still crazy, Diamonds on the soles of the shoes o The Boxer recuperan imágenes de conciertos, entrevistas y actuaciones en las que han visto a Simon, e imaginan cómo será el momento en el que le vean aparecer en el escenario.
Es en uno de esos desvelos, cuando Paco y Alberto advierten que el tren se detiene sospechosamente y unos tipos inspeccionan con linternas los bajos. Parece ser Hendaya. Un nuevo fantasma, bajito, gordito, con bigote menudo, saluda brazo en alto desde lo lejos.

Poorboys and pilgrim with families
and we are going to Graceland

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