Nos lo Debías, Maestro...

Por Paco Martínez


...por tantos años de espera tenías una cuenta pendiente, con nosotros, con España... pero se acabó por pagar. Took a little time (que diría Something so Right) pero la saldaste. 25 años, ni uno más ni uno menos. Tantos como esos, 5 discos de estudio, algunas giras más y un reencuentro con Garfunkel es lo que hemos tenido que esperar para poder tenerte de nuevo entre nosotros, no iba a ser la primera vez que te fuéramos a ver pero esta vez, al fin, íbamos a jugar en casa.

Paul Simon en España.
En 2011, los miembros fundadores de esta web pudimos disfrutar de Paul Simon en su paso por Londres con la gira correspondiente al disco So Beautiful or So What. Sobre aquel concierto en el Apollo Hammersmith comenzamos a redactar una crónica -lo habitual después de asistir a cada uno de los conciertos de Simon a los que hemos ido- pero por diversos motivos aquel texto quedo inconcluso. Uno de los puntos que íbamos a tratar en él era una reflexión, un pensamiento, que fue con el que nos marchamos de aquel recinto inglés: ¿habíamos asistido al último concierto de Paul Simon en nuestras vidas? Es lo que pensábamos a tenor de una serie de circunstancias, entre otras cosas el hecho de que parecía evidente que jamás íbamos a disfrutar de la presencia del artista en nuestro país, un tema que cada vez más pesaba como una losa.

¿Por qué? Pues porque en aquella gira se rumoreó con cierta insistencia que Paul Simon podría, al fin, llegar a tocar en España. Sin embargo, mientras iban cerrándose las fechas para los conciertos, las esperanzas se fueron desvaneciendo al punto de que tuvimos que volver a volar a otro país para poder asistir a uno de los shows. Y fue allí, al término del concierto en Londres, cuando conversando con uno de los músicos de la banda -el gran Bakhiti Kumalo- nos quedó claro que era verdad que nuestro país se había estado tanteando como una posibilidad, ya que el bajista incluso creía todavía que tenían que venir a España antes de que nosotros mismos le confirmáramos que no sería así, que no había ninguna fecha allí. Había estado cerca.

Pasan 5 años hasta que el nuevo álbum del músico está preparado, y con Strangers to Strangers nos llevamos una inmensa alegría cuando Salvador, seguidor de Simon y amigo de la página, se pone en contacto con nosotros para darnos una primicia. Como periodista que es, tiene contactos de interés, siendo uno de ellos -el promotor Gay Mercader quien le asegura que se han firmado dos conciertos en España para la gira europea de Paul. No nos lo podíamos creer. Cuando ya no lo esperábamos nos iba a visitar. Más vale tarde que nunca dice el refranero popular, ¿verdad?

Hasta que aquella información filtrada no se confirmara oficialmente todavía iban a pasar unos días, varias semanas de hecho, y mientras tanto aún no la teníamos todas con nosotros -ya nos habíamos llevado el desengaño con las ultimas gira anteriores, tanto en solitario en 2012 como la que le trajo la última vez a Europa junto a Sting el año pasado, donde los promotores podían arriesgar más si no tenían claro que Simon pudiese llenar un pabellón por su sola presencia.  Pero bien está lo que bien acaba: las dos fechas, para Bilbao y Madrid, se oficializaron a mediados del mes de junio por parte de Riff Producciones, la promotora cordobesa que iba a brindarnos al Maestro en bandeja de plata. Por fin iba a poder saldar su deuda, nosotros estábamos deseando cobrarla. Se barajó una tercera fecha en Barcelona pero no encontraron un recinto de las dimensiones adecuadas (un aforo de entre 8.000 y 10.000 personas).

Lo que vino después lo sabéis porque también lo habéis vivido la mayoría: las entradas salieron a la venta y cuál no sería nuestra sorpresa al comprobar, primero, que todas las localidades eran sentadas y numeradas y segundo, que en los primeros minutos de la venta ya habían volado la mayoría de los sitios de privilegio. Sobre este segundo punto nos gustaría hacer un breve inciso, y es que no queremos pasar a comentar otros aspectos de la crónica sin antes dar un pequeño tirón de orejas a la promotora, que aunque nos consta que hizo un gran esfuerzo para poder acercarnos al artista, tuvo una política algo deshonesta a la hora de poner a la venta las localidades. Nos explicamos:

Una vez se puso en conocimiento el día y la hora a la que éstas estarían disponibles nos planificamos para adquirirlas desde el primer momento posible, pero nos sorprendimos al comprobar que incluso retirándolas en los primeros 5 minutos de su puesta a la venta, prácticamente todas las localidades comprendidas entre la primera y séptima fila estaban ya agotadas. ¿Sería posible que en nuestro país hubiese un movimiento fan de este calibre por Paul Simon? (máxime al prohibitivo precio de las entradas en zona de pista, más de 130 euros) Al tratar el asunto con nuestros amigos del grupo de Facebook comprendimos que muchos habían adquirido también sus entradas en los primeros instantes de puesta a la venta con el mismo resultado. Nuestras sospechas de una posible reserva de entradas se vieron confirmadas cuando en las semanas previas al concierto comenzaron a ponerse a la venta algunas de estas localidades dentro de una categoría VIP que confirmaba que la propia promotora se había quedado un paquete de entradas para sí misma. Cuando llegados a la semana previa del concierto éstas no se habían vendido (lógico, el coste de las mismas era de unos 300 euros) fueron liberadas por Riff, lo que derivó en que aficionados que se interesaron por asistir desde el primer día acabaran sentados mucho más atrás respecto a gente que pudiera comprar la entrada unos días antes del concierto -de hecho, nos consta que así fue-.

Resultado, cada uno conseguimos nuestra entrada donde buenamente pudimos, iniciándose una lenta cuenta atrás de varios meses hasta llegar a mediados de noviembre.

Los días 17 y 18, con la gira europea de Simon llegando a su fin, iban a dividir a los aficionados españoles entre estas dos citas que ya quedarán para nuestro recuerdo. Nosotros concretamente iríamos a Madrid el día 18 de noviembre, para disfrutar de un concierto a celebrar en el mismo recinto en el que Paul actuó por última vez en la capital de España: el antiguo Palacio de Deportes (que una vez reformado tras un incendio pasaría a ser un mejor enclave con aforo para unos 10.000 espectadores).

Por supuesto, llegado el día de la celebración del primero de los conciertos estuvimos muy atentos a lo que ocurría en el BEC de Barakaldo -dentro de las posibilidades que dan las distancias- mientras preparábamos el viaje a tierras madrileñas desde Sevilla para la jornada siguiente. Esa misma noche, mientras Paul Simon maravillaba al público asistente en Bilbao, nos pusimos en contacto con Sergio Martínez, uno de los artistas flamencos que habían grabado en el último disco del músico. Teníamos pendiente quedar con él para realizar una entrevista para la web, y ya que él es de Madrid -aunque suele vivir en Valencia- a lo mejor, con suerte, podíamos aprovechar la visita para encontrarnos con Martínez. Para nuestra sorpresa, Sergio nos confirmó que estaba invitado por Simon para actuar en el concierto madrileño junto a su amigo Nino de los Reyes -otro de los artista españoles que grabaron para Paul en las sesiones de Stranger to Stranger-. Más allá de la ilusión que suponía saber que íbamos a poder disfrutar de una “versión exclusiva” en los temas Wristband y Stranger to Stranger con la participación de ellos, Sergio nos aportó un dato muy interesante: la prueba de sonido para el recital se daría en el Palacio de los Deportes a las 16:00 horas. Aquella información sería de suma importancia en nuestra experiencia como relataremos un poco más adelante.

El 18 N.
Salimos hacía la capital de España bien temprano el día 18, leyendo durante la travesía un par de crónicas muy positivas que ensalzaban un espectáculo de calidad en Barakaldo donde lo que falló, quizás fue la asistencia, unas 3.000 personas se dieron cita en el show bilbaíno, algo menos de medio aforo, lo que parecía un dato significativo del menor tirón que tiene el artista neoyorkino por estos lares, aunque eso se podría discutir más tarde, viendo como estuvo de ocupada la grada en Madrid. Cierto es que la fecha, un jueves, solo permitió acudir al concierto a gente de Bilbao y alrededores, ya que los de otros puntos de España aprovecharon que el de Madrid caía en viernes, ayudado también por la mejor conexiones, bien por puente aéreo o por tren que hay con la capital.

El caso es que llegamos a tierras madrileñas sobre las 3 de la tarde, y sin perder tiempo ni para comer nos dirigimos al Barclaycad Center (nombre con el que han bautizado por patrocinio al Palacio de Deportes en el momento del concierto) para intentar estar en las inmediaciones antes de que se iniciarán las pruebas de sonido. Todavía no lo sabíamos, pero para esos instantes Paul Simon estaría recién aterrizado en Madrid (y alojado en el Hotel Villa Magna) tras salir a las dos y media de la tarde su vuelo desde Bilbao. Simon se había tomado la mañana con cierta tranquilidad, acudiendo junto a su mujer, Edie Brickell, y uno de sus hijos -sin confirmación de cuál de ellos se trataba- al Museo Guggenheim. Nosotros por entonces no sabíamos de esta información, tampoco hubiese cambiado para nada nuestra idea original, de modo que antes de las 16:00 horas nos encontrábamos rodeando el Barclaycard Center en busca de algo interesante... ¿el reencuentro con Paul Simon tal vez?

Los camiones de Rock&Roll Trucking, la empresa contratada para transportar el equipo técnico durante esta gira europea, estaban aparcados a un costado del recinto -habrían llegado desde Bilbao a primeras horas de la mañana después de viajar toda la noche- pero fue la llegada de un lujoso Mercedes Benz lo que nos llamó la atención en el momento de pasar por la parte trasera del edificio. ¿Sería ese el coche que llevaría a Simon desde su hotel al pabellón? Efectivamente lo era, solo que en ese momento venía desocupado. El chófer iba a asegurarse de donde debía aparcar para dejar a  Paul Simon justo frente a su entrada, por lo que se detuvo a consultar con el miembro de seguridad de la puerta trasera del recinto. Por si esto ya de por sí era una pista clara de lo que iba a ocurrir a continuación, tuvimos la suerte de encontrarnos allí con los primeros fans en llegar: Yajaira y Juan.

La simpática canaria había volado por primera vez desde las islas a la península para poder cumplir su sueño de disfrutar de un concierto de su ídolo. Por su parte, Juan (Juanfunkel para los amigos) había llegado desde Cartagena para coincidir en el mismo objetivo. Nosotros los conocíamos de antemano por ser seguidores de nuestra web desde hacía años, y ellos nos reconocieron por el mismo motivo. Para ser fieles a la verdad debemos aplaudir su desmesurado entusiasmo, éste les había hecho llegar al lugar antes que nosotros (que ya es decir) y habían conseguido una información crucial de parte de un insospechado aliado: el miembro de seguridad anteriormente mencionado, quien les había confirmado la llegada del artista de forma inminente y que no podrían acceder en coche hasta dentro, tenía que parar en la puerta. Por lo que veríamos a Simon si o si aunque fuese un instante en los pocos metros que separaban la cera de la puerta de acceso.

Dicho y hecho, el Mercedes Benz de color negro que se había marchado unos minutos antes volvía a acercarse al pabellón por la misma calle, deteniéndose justo ante la puerta por la que nuestro personal de seguridad favorito nos había indicado que entraría Paul Simon directo al backstage. No sin cierta incertidumbre esperamos todos a unos metros del coche, las puertas se iban abriendo y aparecían personas de aspecto diferente, algunos muy trajeados, otros algo más informales, pero la clave estaba en la última de las cuatro puertas que se abrió, de ella bajó Paul Simon mientras nosotros respiramos aliviados (y extasiados a la vez). "Si, si, ahí está”. Es él, es él"....

¿Por qué se paró el músico a atendernos? Tenía la puerta abierta de entrada al pabellón a tres metros, sabemos que no es muy amigo de pararse a atender a los fans, simplemente tuvimos suerte, o quizás nos ayudó el hecho de no atosigarlo. Permanecimos en nuestro sitio, a unos metros de él, sin movernos. Simplemente esperando a ver su reacción en unos pocos segundos que nos parecieron eternos. Simon saludó primero con la mano, y luego, quizás viendo que no nos acercábamos, asintió ligeramente con la cabeza como diciendo "ok, vamos allá". Ahora sí, nos acercamos con muchísima ilusión dándole las gracias de antemano y haciendo desfilar ante sus ojos una serie de discos para que los firmara.

Yajaira, que pasó la primera ante Paul, le entregó el libreto del cd de One-Trick Pony que Simon firmó con un indeleble azul. El rotulador, facilitado al artista por ella misma, se convirtió automáticamente en objeto de culto -esperamos que esté bien atesorado por su dueña- ya que el neoyorkino no lo soltaría hasta autografiar el resto de enseres. A Juan le firmó su obra maestra más reciente, el cd de Stranger to Stranger. No podría escribir la frase de forma literal, pero Juan pidió a Simon una foto para el recuerdo, a lo que Paul se negó de forma elegante explicándole que prefería no hacerlo ya que no le gustaba que le sacaran fotografías. Por supuesto todos respetamos su petición. Aitor sería el primero de The Sound of Simon en ser atendido por el genio, que consiguió la firma de Simon en el single de su canción preferida: Duncan -sí, Aitor estaba exultante con este concierto por el "simple" motivo de que Duncan estaba al fin en el setlist de una gira de Paul Simon- mientras que Paco hacía aparecer el libreto del cd de Graceland ante nuestro ídolo: "Thanks you for coming" es todo lo que acertó a decirle mientras lo firmaba. "Oh, I´m very happy to be here today" sería la contestación.

Por último, Alberto sacó un vinilo de The Paul Simon Songbook, esa ya de por sí joya simoniana que ahora se veía encumbrada gracias a la rúbrica de su autor. Llevar un LP encima era quizás una propuesta arriesgada, pero el último de los chicos de TSOS vio más que recompensada su elección (también llevaba encima una gran rareza, el single de Carlos Dominguez, el cual podría ser un verdadero grial del coleccionismo simoniano por sus características, sin embargo no sabíamos cómo podría reaccionar Paul Simon ante esa opción, motivo por el cual el single no llego a estar presente en la improvisada sesión de firmas).

Unos sutiles aplausos, muchos agradecimientos, y un amable Simon que se volvía para entrar, ahora sí, hacia el interior del recinto. Sin embargo, pese a ser más de las 16:00 horas, a la prueba de sonido aun le quedaba un rato para ser iniciada ya que los músicos todavía no estaban por allí (Paul Simon se les había adelantado en esta ocasión). La emoción que nos embargaba no nos dejó darnos cuenta del detalle entonces y aún estábamos comentando lo que acaba de ocurrir -y revisando en nuestros móviles que los vídeos grabados estuviesen bien guardados- cuando un colorido autobús aparcó justo ante el Mercedes Benz en el que Simon había arribado poco antes. Uno a uno comenzaron a bajar los integrantes de la banda, y el momento se aprovechó para saludar, pedir algún autógrafo y tomarnos fotos de recuerdo. Como curiosidad decir que esta era la quinta vez que nos fotografiábamos con Mark Stewart, lejos queda ya aquella primera vez en el Teatro Olympia de París en el año 2000, o cuando nos reencontramos con él en Sevilla...sigue siendo tan amable como siempre. Dos grandes descubrimientos fueron Mick Rossi y Jim Oblom, a los que nunca habíamos podido saludar anteriormente, muy simpáticos y colaboradores también (al contrario que los nuevos músicos de la gira, Joel Guzman y C.J. Camerieri, un poco distantes). Puedes ver un video de nuestro encuentro con Simon y su banda pinchando Aquí.

The Sound of Simon & Friends.
Ahora sí, sin nada más que hacer por el momento, nos dirigimos a comer algo cerca de las cinco de la tarde...justo frente a la puerta de acceso al backstage en la que habíamos estado apostados los últimos minutos se encontraba un bar que pese a llamarse "Bar Andaluz" estaba regentado por unos nada andaluces camareros y con un menú que anunciaba ese clásico de las tierras madrileñas: el bocadillo de calamares.

Nos sentamos a picar algo y cuál no sería nuestra sorpresa al comprobar que nuestro camarero nos sentó al lado de un televisor donde había programado una serie de vídeos de Paul Simon, el día parecía obstinado en no parar de agradarnos. Si, tal cual. Observador que era el hombre, o bien estaba acostumbrado a interesarse por los conciertos que se celebraban cada día justo delante del negocio, el caso es que gracias a una plataforma de búsqueda de vídeos nos localizó entre otras cosas el concierto BBC Sessions del año 2006, que nos acompañó durante nuestra comida.

En ese momento nos dimos cuenta de que el ambiente para nosotros era inédito ya que nos disponíamos a disfrutar del concierto con una tranquilidad inusitada. En asistencias previas a conciertos de Simon siempre habíamos sufrido algo de estrés -de alguna u otra manera- al encontrarnos en un país diferente, al padecer ciertos problemas de comunicación y también ante la necesidad añadida de intentar siempre encontrarnos de alguna forma con nuestro ídolo -como buenos fans “hardcore” que somos-. Esta vez todo era muy distinto, nos encontrábamos en casa, por primera vez teníamos la situación controlada sin sufrir ningún problema para tratar con nadie y el gran reto ya estaba conseguido, así, a las primeras de cambio. Estábamos expectantes ante el conocimiento de que íbamos a disfrutar de un gran concierto, por supuesto, pero en cierta forma relajados... y eso nos permitió concentrarnos en otro de los mejores aspectos que tuvo este evento para nosotros...la posibilidad de conocer a tantos amigos de la web (y del grupo de Facebook de la misma).

Y es que a diferencia de los demás conciertos efectuados en tierras extrañas, en Madrid disfrutamos muchísimos de los amigos de The Sound of Simon. Conocimos a nuevos simpatizantes pero también tendimos lazos con los que hasta ahora eran más bien amigos virtuales, como los citados Juan y Yajaira, o Luis Miguel Polo, con quien pudimos debatir un rato antes de entrar al concierto -con Luis y su mujer -. Después de despedirnos de Luis nos encontramos con otro amigo del grupo de Facebook, Luis Bela, y ya dentro del Barclaycard Center nos reencontramos con viejos conocidos...le dimos un fuerte abrazo a Javier Márquez, al que hacía años que no veíamos y con quien tanto disfrutamos del viaje a París en el año 2000...y con el gran Vicente Chiralt, otro clásico de nuestras primeras expediciones a quien tanto le debemos...Ya en el propio show, mientras Simon desgranaba algunos de los bises, topamos con Edu Galán, otro de los amigos de la web -y con quien gozamos del concierto de Paul Simon en Roma en el año 2002- y terminamos por saludar a Antonio Segovia, otra de nuestras nuevas amistades y gran seguidor del grupo.

Nos marchamos muy contentos, recibimos felicitaciones y halagos por nuestro trabajo al frente de The Sound of Simon (algunos nos pidieron incluso una fotografía como si fuésemos famosos, que cosas...) y en general nos volvimos de Madrid con mucho cariño recibido...nos hubiese encantado haber tenido más tiempo para tratar más profundamente con cada uno de los fans, pero os agradecemos a todos el que hayáis querido acercaros a saludar. Ojalá dentro de unos años, no muchos, tengamos la posibilidad de poder ver a Paul de nuevo por España para plantear una reunión como Dios manda.

El concierto de nuestras vidas.
Dentro del Palacio de Deportes no llamaron la atención varias cosas, las pantallas gigantes apagadas que impedirían que el público de las gradas pudiese ver mejor lo que pasaba en el escenario y a varias personas con grandes cubos de palomitas que vendían dentro del recinto (no lo habíamos visto antes en un concierto) así como a chavales con mochilas dispensa bebidas más típico de festivales y que incordiaron un poco en algunas ocasiones durante el concierto, cuando a alguien delante de ti le entraba sed.

Unos diez minutos pasadas las ocho mientras charlábamos con los amigos se apagaron súbitamente las luces del pabellón y corrimos a nuestros asientos, anunciaban el inicio del concierto de forma inminente. Efectivamente, a continuación y poco a poco fueron apareciendo sobre las tablas los músicos de la banda que fueron ocupando sus puestos en el escenario ante el aplauso generalizado de los asistentes. Mark Stewart, que se postula como el director musical cuando Paul Simon no está sobre el escenario, arrancó la intro musical de los últimos conciertos de la gira: Gumboots, y poco a poco mientras las notas del tema fueron fluyendo la luz comenzó a hacer acto de presencia de nuevo iluminando esta vez solo el escenario (el juego de luces que lleva la gira, por cierto, digno de mención, preciosista en colorido y en aplicación).

El tema, que era interpretado por Simon durante el transcurso de los conciertos al principio del tour se había visto relegado a servir como introducción mientras Paul aguarda para salir a escena. ¿El motivo? Lo más fácil de suponer es el hecho de que es una canción que al artista le ha dado problemas en algún que otro concierto, no sabemos la razón pero parece que a Simon se le atraganta la letra de vez en cuando, casi como si la olvidase de repente. En algún momento de la gira del álbum anterior, So Beautiful or so What, sufrió dichas dificultades, y más reciente le ocurrió nuevamente en el concierto realizado el día en 22 de octubre en Goteborg (Suecia). En dichos casos el neoyorkino solventó el entuerto haciendo subir al escenario a algún espectador de las primeras filas para que la cantara con él, pero lo cierto y verdad es que desde entonces ha reubicado la canción para posicionarla como primer tema de la noche, sirviendo de prólogo instrumental a su salida.

Como ya sabemos la banda de Simon es una talentosa formación, experimentada y eficaz que se conoce al dedillo el repertorio del artista. El contagioso ritmo de Gumboots sonaba a las mil maravillas finalizando ante una serie de indicaciones de Stewart que controló a sus compañeros ante el cierre de la canción, justo entonces la silueta de Paul se empezó a adivinar en su trayecto hacia el centro del “stage”, y el público, bastante animoso desde primera hora, lo recibió como se merecía. Simon se limitó a hacer una reverencia, llevándose la mano al corazón. Dejaría el saludo verbal para más adelante marchando con premura a coger la guitarra acústica para sumarse a The Boy in the Bubble, el primer tema cantado por Paul en un concierto memorable: la voz del viejo maestro se muestra en forma, lejos de verse resentida por el paso del tiempo Simon canta con la misma claridad de siempre, y ante nuestros oídos es como si fuese el mismo de hace 10, 20 o 30 años. Sin duda una gran noticia para nosotros, sus seguidores.

Con la explosión de júbilo al término de tan famoso tema, y con ese tartazo llamado Graceland lanzado directamente a la cara de la muchedumbre, Paul interpretó 50 Ways to Leave Your Lover, ese gran clásico de su cancionero que muchísima gente a nuestro alrededor entonó y coreó. El artista viste zapatos de ante, unos ajustados vaqueros de color gris, una camiseta negra lisa, y una elegante chaqueta que parecía totalmente gris en la distancia media pero que realmente llevaba una fina raya diplomática. Sin sombrero esta vez y sin quitarse la prenda superior en ningún momento -a diferencia de la mayoría de conciertos recientes donde solía quedarse en manga corta a menudo- la efigie de Simon es sombría y elegante.

Llegado el tercer tema cantado de la noche hay un pequeño receso emocional cuando llega el turno de interpretar Dazzling Blue. La iluminación oscila entonces en una gama de tonalidades azules mientras Paul acomete uno de los pocos temas que persisten en el repertorio de su anterior álbum. Evidentemente es una canción muchísimo menos conocida para el público general y pese a ser una canción “reciente” presenta una curiosa variante cuando ya hacia el ecuador de la misma un violín toma el protagonismo absoluto, y es que para la ocasión había subido al escenario Casey Driessen, un músico invitado exprofeso para la cita de Madrid. Casey, violinista profesional de origen americano, se graduó en la Berkley Music School, donde precisamente Jamey Haddad, el percusionista de Paul Simon, trabaja como profesor. Sergio Martínez, el artista flamenco también invitado al concierto, estudió igualmente en Berkley, de modo que no sabemos exactamente por parte de quien llega el contacto a Simon, pero Driessen es de por sí un virtuoso interprete de bluegrass con estupenda reputación y varios álbumes compuestos por él a sus espaldas.

Al finalizar Dazzling Blue. Simon despidió al violinista presentándolo al respetable, y mientras éste se marchaba ocurrió una de las anécdotas de la noche. En primero lugar -ahora si- el cantante nos sorprendía con un saludo en castellano: “Bienvenidos todos”. Entonces nuestro amigo Edu Galán gritó a Paul Simon un esmerado “¡Viva la madre que te parió!”, al que ante las risas del público siguió un sonoro “¡Paul, eres el puto amo!”. En aquel momento, al igual que la mayoría de los asistentes, reímos el gesto aunque a decir verdad no sabíamos -entonces, porque lo descubriríamos posteriormente- quien era el perpetrador. Simon se volvió con complicidad hacia Joel Guzman, el músico hispanoparlante, reconociendo que en realidad no sabía que le acababan de decir buscando una explicación. El músico se río ante la situación, pero tradujo -más o menos como pudo- la castiza expresión a Simon “You´re the main man.” Simon sonrío, para responder ante nuestra sorpresa con un “De nada, enchilada”. A saber de donde habrá sacado dicha expresión...el caso es que entonces retomaría su discurso explicando, ahora ya en inglés, lo feliz que estaba por volver a estar aquí después de tantos años.

La parte más comunicativa de Simon prosiguió cuando como antesala a That´s Was Your Mother comentó sentirse bien ante la idea de que si la gente sentía el impulso de bailar con la canción lo hiciese, a pesar de lo que les pareciera a los miembros de la seguridad. Nosotros ya estábamos avisados por alguna de las crónicas que habíamos leído del concierto del Bilbao. Allí pasó lo mismo, Simon había repetido el speech, pero mientras que en Bilbao buena parte del público salió a bailar aprovechando que había bastante espacio entre la primera fila y el escenario para arremolinarse, el público madrileño no lo tuvo tan fácil, estando bastante más comedido. Hubo quien bailó desde su localidad, y quienes salieron al pasillo central o a los pasillos laterales de la pista para vivir la canción más alegremente aunque nunca hubo -no hasta ese instante- una intención clara de invadir las cercanías del artista.

En lo musical el tema sonó tan vivo y alegre como siempre, quien no bailó acompañó con las palmas y tras la más sosegada Dazzling Blue ahora la audiencia volvía a encenderse. Justo después de éste otro tema de Graceland (3 canciones del célebre álbum entre los 6 primeros temas del show) llegaría el segundo y último reencuentro con el penúltimo álbum de Simon con Rewrite, el último superviviente en la gira Stranger to Stranger del disco de 2011. Paul haría otra pequeña introducción explicando cómo surgió el compás de la canción, ejemplificándolo con unos rítmicos golpes en su guitarra.

Sin embargo el primer puñetazo realmente nostálgico de la noche llegaría con América, la primera de las canciones de la época de Simon & Garfunkel que se iban a escuchar en la velada, la cual tuvo además una reacción inmediata por parte de la audiencia. Con los primeros acordes de guitarra ya se sintió una ovación recorriendo el pabellón, y hay que decir que Simon interpretó la canción con la misma genialidad de siempre, tocando ahora si la guitarra en todo su esplendor -porque es cierto que cada vez la toca menos en el conjunto global del concierto, reservándose para esos temas clásicos de la etapa del dúo-. Tras un cálido y merecido aplauso la banda volvió a unirse para interpretar Mother & Child Reunion, tema que sigue siendo "fresco" en el repertorio actual de Simon, pese a que la rescató para su gira anterior aún nos sigue pareciendo maravilloso oír este clásico de sus primeros tiempos en solitario formar parte de su directo.

Entonces, casi haciendo un pack de ese primer disco como solista -Paul Simon- la característica guitarra introductoria de Me & Julio Down by the Schoolyard anunció el movido tema que ahora sí sirvió para espolear a una audiencia que cada vez se venía más arriba. Por nuestra parte hubo un conato, un intento, de colocarnos justo ante el escenario cuando salimos a bailotear frente por frente a Paul, y algún interesado más se sumó al gesto pero la seguridad instó a todo el mundo a sentarse alegando que ese era “un concierto de asientos, un concierto sentado”. Seguridad no quiso que la situación se volviese la tónica general para el resto de la velada, por lo que "obligó" al personal a volver a sus asientos tras finalizar el tema ante las quejas del respetable. El propio Simon, ante el revuelo a sus pies, pidió al público que hiciera caso y volviese a sus asientos. Según el setlist -repetido casi siempre de forma mimética en la gira- el siguiente tema, Spirit Voices, lleva una introducción por parte del cantante, que comienza con un "Os voy a contar una historia...", Simon comenzó a narrar la introducción rápidamente, como si no quisiera que la situación se complicara más de la cuenta y buscara la reanudación inmediata del show. Algunos volvíamos de nuevo a nuestros asientos mientras esa historia se iba desarrollando.

En ella Paul explicaba cómo fue parte de ese viaje por el amazonas que hizo antes de terminar la composición de su disco The Rhytmin of the Saints, haciendo hincapié en un divertido encuentro que tuvo con un brujo local y los efectos propiciados por la ingesta de la ayahuasca -para quien no lo sepa se trata de un brebaje preparado por los nativos amazónicos que proporcionan una serie de catarsis en aquellos que la consumen-. La anécdota hizo gracia al público, y en particular causó revuelo en una parte concreta de la grada donde se oyeron unos comentarios en el momento en que Simon nombró la sustancia, a lo que el cantante reaccionó saltándose por unos instantes el guion para hacer una referencia al hecho de que hubiese gente que conociese los mencionados efectos.

Una preciosa Spirit Voices tornó de colorido -tanto musical como visual- la puesta en escena de la banda. Un tema que si bien no está entre los éxitos reconocibles del artista dejó uno de esos momentos de asombro generalizado en la audiencia, ante el despliegue sonoro realizado por parte de los músicos. No serían pocas las críticas musicales que al día siguiente, en distintos medios, alabarían la calidad de la ejecución de los mismos, con esa suave percusión y aromáticos ritmos a las guitarras y el metal. La sutileza del tema contrastaría de inmediato con The Obvious Child, que aparecía en el recital para hacer de nuevo una dupla temática con el anterior tema al igual que habían hecho antes Mother & Child Reunion Me and Julio (por aquello de enlazar dos canciones pertenecientes al mismo álbum). La fuerza de The Obvious Child fue presentada también por una breve introducción del compositor, que explicaba que había grabado la canción original con Olodum en Bahía, poco después de finalizar aquel viaje por las amazonas.  Como ya sabréis, lo realmente interesante de este tema que se rescató para la gira de 2011 es como los músicos en escena se las apañan para recrear el volumen percusionista de la canción con apenas 4 o 5 instrumentos -por el puñado de tambores que utilizó Olodum en la grabación original-. Una interpretación absolutamente digna de ver en vivo, de esas que te maravillan por la forma en que se integra la banda.

Cuando el ecuador del concierto se aproximaba, y estando ya todo el mundo bien entonado -artista y audiencia- apareció el primero de los temas nuevos de Paul Simon. Prevenidos para lo que iba a suceder -y que a posteriori acabo convirtiéndose en uno de los momentos más curiosos y llamativos de la velada- así que corrimos a preparar nuestros móviles para grabar en vídeo la interpretación, básicamente para dejar constancia de la actuación de nuestros compatriotas, Sergio Martínez y Nino de los Reyes, los cuales hicieron acto de presencia por el lado izquierdo del escenario. Sergio con su propio cajón y Nino comenzando como palmero empezaron a dar ese toque flamenco a la canción ante la mirada de Paul Simon reconociendo lo inaudito de la actuación -cabe recordar que fuimos testigos de una interpretación única dentro de la gira-. En un momento dado, Nino abandonaba su posición para iniciar un zapateado en el borde del escenario, robando totalmente el protagonismo al propio Paul Simon que era el primero en disfrutar del espectáculo. Finalizando el tema, y como medida específica para este concierto, Paul ordenó a la banda continuar el fondo musical mientras se acercaba a Nino y con un gesto claro le invitaba a bailar y posicionarse de nuevo al punto donde el bailaor ya había hecho las delicias del público para hacer un segundo pase aún más extenso y apasionado que el primero mientras Paul se limitaba a agitar un pequeño shaker  (instrumento de percusión) en forma de huevo que había permanecido desde el principio en un recipiente situado en el pie del micrófono. Espectacular aportación de unos músicos que fueron despedidos por la puerta grande, ante la enorme ovación del respetable mientras Simon los presentaba por sus nombres -muy curioso escucharlo citar nombres y apellidos tan españoles, lo hizo como pudo, claro- mientras Sergio y Nino se despedían del público, y del cantante visiblemente alegres. Puedes ver el video que grabamos de este momento Aquí.

Con los músicos recién bajados del escenario Simon tuvo una clara alusión a su perplejidad cuando antes de arrancar la siguiente canción, se río mientras exclamaba: "It´s great", obviamente se refería a la participación de nuestros músicos en su canción. De hecho nos consta que Paul quedó tan satisfecho con la actuación que les prometió a Sergio y a Nino tras la finalización del concierto- que si su nuevo disco quedaba nominado para los Grammys los llevaría consigo a actuar en la gala (lamentablemente ahora ya sabemos que el álbum no va a estar nominado a mejor disco del año, por lo que parece ser que no podremos revivir la experiencia).

Volviendo al transcurso del recital, Homeward Bound sonó en el Barclaycard Center para deleite de los presentes, que disfrutamos de un nuevo clásico de Simon & Garfunkel, y tras ella otra vieja conocida, El Condor Pasa, otra pieza inmortal que se asomaba a la gira en forma de instrumental. Sería la segunda canción -de tres en total- en ser interpretada de semejante forma, y ya sea de un modo u otro la nostálgica golpeaba de igual manera. La preciosa tonada reanimó al público que seguía el compás con palmadas y una gran ovación. Siempre es especial cuando Paul Simon recuerda en concierto sus composiciones más primerizas o clásicas, y por si este lapso no era suficiente proseguía con Duncan ese compás mágico del concierto: y es que Duncan fue por mérito propio otra de las joyas del épico recital

La excelsa pieza ha sido siempre extrañamente "denostada" por su creador, que solo la ha cantado en un puñado de ocasiones en todo ese tiempo. La rescató en 2006 para la gira del disco Surprise, la volvió a tocar en algún concierto de 2008, pero sin duda donde la historia de Lincoln Duncan más y mejor se ha paseado ha sido en la presente gira. Paul la ha tocado en este año 2016 más de 50 veces -o sea, en todos las fechas del tour- mientras que antes no había llegado a esa cifra contando todas sus giras desde el instante en que la grabó para su disco de 1972. Magistral canción, perfectamente tocada y cantada por Simon, que se veía acompañado milimétricamente por la banda, la sonoridad andina de la canción nos embriagó y si nos detenemos en esta pieza más de lo debido es porque sigue siendo uno de los más brillantes recuerdos que atesoramos del espectáculo.

La masa, encendida, volvió a ovacionar al artista al término de Duncan, y Paul se acercaba al frontal del escenario a recoger un extraño instrumento que había estado colocado allí durante todo el tiempo, cerca de su micrófono. Simon lo presentó ante el público como el "Gopichand", curioso instrumento de cuerda de origen indio que se caracteriza por tener solo una de estas. Era el momento de introducir otro de los nuevos temas del músico, The Werewolf, y al igual que a lo largo de toda la gira nuestro cantante favorito se dedicó a hacerlo explicando cómo funcionaba el gopichand y como su sonido dio origen al título del tema que seguía a continuación. Impresionante Werewolf, sonó poderosa, si la canción ya había sido bastante llamativa en el álbum abriendo el mismo, en el directo crece hasta límites insospechados, la pieza se vuelve mágica gracias a la mezcla de los samplers dirigidos por Andy Snitzer desde su ordenador portátil -muchos en esta ocasión- con los instrumentos menos habituales como el propio gopichand o el trombadoo, instrumento en forma de enorme tubo inventado por el propio Mark Stewart. El clímax de The Werewolf transforma a Paul Simon en un director musical sobre la palestra, el neoyorkino se vuelve -dando la espalda al respetable por unos momentos- para dirigir con la parsimonia de sus manos la música que en increscendo culmina una pieza muy original desde el punto de vista sonoro y apabullante desde el visual (con los músicos repartiéndose entre tantos instrumentos diferentes y un juego de luces espectral hacia el remate de la pieza, justo entre los "catedralicios" órganos finales).

Si la canción que sirve de inicio al disco Strager to Stranger contrastaba desde el punto de vista musical con los temas anteriormente interpretados por Simon en el concierto, el siguiente tema, The Cool Cool River, tampoco se iba a quedar atrás. Otro clásico del repertorio en solitario del artista, si bien no por su popularidad si por la importancia que le otorga a la composición en sus conciertos. De hecho es sabido que es una de las piezas favoritas del propio músico, y ciertamente en vivo es otra de esas gemas que lucen con mayor intensidad. En la introducción al tema disfrutamos de la curiosa participación de uno de los músicos, Vincent Nguini, quién con su imponente vozarrón explicó a la audiencia en forma de una divertida historieta como Paul Simon había indagado en Brasil de forma casi enfermiza las posibilidades musicales de la jungla. Nguini, aparentemente un señor serio y poco hablador -por lo que nosotros sabemos- se marca aquí un pequeño monólogo bromista que concluye incluso con un pequeño baile tradicional pero el músico se auto homenajea cuando deja muy claro que lleva tocando para Paul nada más y nada menos que 25 años ya. Al volver a su puesto Nguini es precisamente quien arranca el tema. La sección de viento retumbó con fuerza en el pabellón al ser fortalecida por la inclusión de un tercer miembro en la misma ya que Stewart -de nuevo haciendo alarde de su poderío multiinstrumental- se unió en las labores a Snitzer y Camerieri.

Antes de los bises, cerca ya de las dos horas de concierto, Paul enlazaría dos temas infalibles, esos que él sabe que va a hacer moverse a toda la audiencia al completo, dos clásicos de su discografía y sus directos como son Diamonds On The Soles Of Her Shoes y You Can Call Me Al. La respuesta fue la que cabría esperar, mucha gente agolpada nuevamente justo antes el escenario y aunque seguridad iba a intentar de nuevo disipar a la multitud ya no lo iban a volver a conseguir. Paco y Aitor se quedarían justo ante el cantante mientras Alberto decidió conservar su posición original entre la primera fila y tomar imágenes de forma algo más tranquila.

Al concluir semejante "tour de force" y sin presentar a los músicos de la banda (no lo hizo en ningún momento del show, algo cuanto menos extraño, igual se le olvidó) Simon se dispuso a abandonar el escenario no sin agradecer los aplausos y vítores que se le estaban regalando. Mucho "bravo" y mucho "torero" entre las exclamaciones más castizas aunque igualmente se dejaron oír muchos "Paul, I love you" desde las primeras filas. Un ramo de flores voló desde algún punto aterrizando justo a la vera de Paul en su retirada, que se agacho a recogerlo (luego supimos que lo había lanzado Marita González, compañera del grupo de Facebook que tampoco se perdió el concierto). Simon no tardó mucho en volver a aparecer ante nosotros, para ejecutar una serie de bises algo insólita pero que iban a terminar de coronarlo en una grandísima noche. Insólita porque hizo hasta 4 series de bises, no recordábamos algo así en giras anteriores. Quizás demasiado poco espacio de tiempo como para descansar, quizás el suficiente para recibir el calor de la audiencia que siempre pedía "otra".

El primer bis fue la versión instrumental de Proof que había abierto muchos conciertos de la gira, la última de la tres piezas de este perfil que fuera interpretada por la banda en solitario, sin la presencia del compositor en escena. Este lapso si sirvió -se entiende- para que él se tomase un respiro más amplio, el primero que se daba desde las ocho y diez minutos de la noche, pero justo al finalizar el tema volvía a asomarse al escenario para retomar nuevas interpretaciones. Sergio Martínez volvía también a escena junto a Nino de los Reyes para hacer de palmeros en Wristband, la pegadiza nueva composición de Simon. Esta vez Simon no los presentó, simplemente se incorporaron a tiempo justo al lado de Jamey Haddad, al fondo de la banda, para permanecer allí durante toda la canción. Y como Simon no quería dejar de regalar clásicazos tras el novedoso Wristband interpretó Graceland, una de sus composiciones predilectas, que extrañamente ha entrado en el set list a mitad de la gira, se acordaría de ella para finalizar el primer bloque de bises por todo lo alto, entre la canción que da título a su disco más emblemático y Still Crazy After All These Year, otro éxito, otro ramalazo del Paul Simon más conocido para seguir bordando un concierto repleto de "hits".

El siguiente bloque se inició con una telecaster en manos de Paul Simon -la única vez que utilizó esa guitarra- para abordar como un trueno Late in the Evening. La canción, que sigue siendo potente en el directo y que hace rejuvenecer a Simon sobre las tablas, se convirtió en otro momentazo de fuerza por parte de la banda, que se relajó relativamente con One Man´s Ceiling is Another Man´s Floor. El tema, más desconocido para la audiencia, nos retrotrajo a la asistencia a nuestro primer concierto, cuando en la gira de You´re The One el artista la incluía en el repertorio casi a modo de rareza. En esta ocasión el neoyorkino la interpreta con algo menos de teatralidad y ya para rematar el segundo set de bises... ¡exacto! ¡Nuevo clásicazo! ¡The Boxer! Guitarra acústica, un leve acompañamiento por parte de la banda, y Paul Simon en estado puro haciendo gozar a un Barclaycard Center que de nuevo, ante una canción de Simon & Garfunkel, se venía abajo. No hace falta decir que el coro, el "lai la la", resonaba por todo el pabellón, y que el propio Simon lo retenía en alguna ocasión para dejar al público cantarlo "a solas". El tema desfiló ante nuestros atentos oídos tan magnético y emocionante como de costumbre. Tras cantar la última estrofa Simon se acercaría a Vincent Nguini para concluir junto a él y muy bellamente la canción. Momento para los pelos de punta y las lágrimas, si cabe. Ese o el siguiente, cuando a la vuelta para iniciar el tercer bloque de bises Paul tocó The Sound of Silence.

Nosotros sabíamos que no era el último tema de la noche, pero siendo la canción que era y por como Paul la interpretó -completamente a solas, tocada de forma exclusiva con su guitarra- aquello olía a despedida, el momento se vivió casi como un adiós definitivo. ¿Volveremos a ver a Paul Simon interpretar este himno ante nuestros ojos? Difícil saberlo, por si acaso nos abrazamos y vivimos el momento como si fuese el último. The Sound of Silence es una canción especial, todos lo sabéis, y el público, que guardó un sepulcral silencio durante el tema -aunque algunos vítores espontáneo se escaparon, como es lógico en cierta manera- estalló en el momento en que al artista finalizaba el clásico de 1964  en el mástil de la guitarra. Una ovación para el genio, que aún no se marchaba porque sabía que nos iba a regalar unas últimas gotas de su magia en forma de un par de últimos bises, pero el público ya podía morir en paz.

Muchos aplausos, muchas exclamaciones al artista que apoyado sobre la guitarra hizo varias reverencias en varios puntos del escenario, aparentemente agradecido y satisfecho. Abrió los brazos en señal de despedida y desapareció para tomarse el último respiro...a continuación fue la banda quien subió de nuevo a escena mientras todo se volvía a iluminar tras haber permanecido prácticamente a oscuras en la última canción. Paul volvió a aparecer para interpretar un tema tan alegre y contagioso como I Know What I Know, último homenaje al disco más agraciado de la velada y otro momento único ya que es una canción que a pesar de todo no venía interpretando desde hacía mucho. Nosotros nunca la llegamos a disfrutar en vivo en anteriores tours, e incluso en este no ha sido nunca una interpretación estable ya que según el show Simon la había estado alternando con Gumboots antes de que esta fuese movida definitivamente al inicio de los conciertos. Como curiosidad pudimos observar que  para la canción Sergio Martínez volvía a sumarse a la banda para tocar percusión junto a Jamey Haddad, su amigo y maestro (y Paul también hacía sonar durante la misma el pequeño instrumento de percusión en forma de huevo que había llevado en la mano en algún tema anterior).

El buen rollo de la ambientación sonora surafricana nos dejó a la par que Simon anunciaba que ahora si llegaba la última canción, el bis final. Señalando con el dedo índice nos dijo que "1" más quedaba, y no era otra que Bridge Over Troubled Water. ¿Se puede terminar un concierto, ya de por si absolutamente magistral, de forma más memorable? La respuesta es obvia, por eso nos extraña que el clásico no haya estado posicionado ahí durante todo el tour, y que la canción solo la haya interpretado de forma ocasional durante la gira. Es cierto que en los últimos shows sí que había estado, y sabíamos que la noche anterior también había sido la despedida en Bilbao, pero esta vez si teníamos la incógnita de no saber qué iba a pasar en nuestro concierto: la noche había sido larga (para un concierto de Paul Simon una duración de casi dos horas y media es bastante tiempo, para alguien de su edad), el repertorio había sido extenso y maravilloso. El artista se había ganado con creces nuestra más sincera admiración (y la de todos los asistentes, era obvio que el público estaba muy satisfecho y agradecido) y Paul bien podría haberse ido a descansar un rato antes, que a sus 75 años se le puede perdonar eso y mucho más, pero el puente sobre aguas turbulentas le hizo hacer un último esfuerzo.

Cantó la canción a la vieja usanza, con los arreglos más bien clásicos -lejos queda ya esa versión que arregló a finales de los 90- y el pabellón se puso patas arriba una última vez, ante la belleza de aquel Bridge que contó con hasta dos pianistas simultáneos, ya que Joel Guzman -que también se descubre como multiinstrumentista se sumó a los teclados junto a Mick Rossi. Cuando los focos se encendieron de nuevo y todos los músicos se acercaron a Paul para hacer la despedida final conjuntamente es cuando quedó visto para sentencia que aquella mágica experiencia, ya si, finalizaba del todo. Todos los músicos al unísono, cogidos de la mano, hicieron una última reverencia y aplaudieron a un público que estuvo en todo momento a la altura de las circunstancias. Paul, mientras se retiraba, seguía haciendo gestos de agradecimiento y en cuestión de pocos segundos desaparecía de nuestra vista, adentrándose en el backstage.




Cerrando el círculo.
Salimos del Palacio de Deportes todavía en una nube, junto a la muchedumbre, preguntándonos hasta qué punto el concierto que acabábamos de disfrutar había sido de los mejores que habíamos podido vivir en nuestras propias carnes. Todos dejan un recuerdo especial porque Paul Simon es un excelente profesional que trata de hacerlo siempre lo mejor posible (ya sabemos lo perfeccionista que es) y cualquiera de los shows a los que hemos asistido perdura en nuestra memoria como sinónimo de genialidad. Sin embargo para nosotros, este concierto en concreto fue desde el principio nuestra forma de "cerrar el círculo" Dieciséis años después de aquel también  mítico concierto en el Olympia de París.

Ojalá Simon siga componiendo y dando conciertos, a pesar de la edad lo vemos en excelente forma física y vocal y dudamos que los rumores sobre su retirada sean del todo cierto. Lo dudamos o directamente no lo queremos creer. El caso es que las sensaciones son muy diferentes a las de aquella vez que nos marchamos del concierto de Londres, ese al que hacíamos referencia al inicio de esta crónica. Porque ahora si vemos clara la posibilidad de que si Paul siguiera dando conciertos pudiese repetir en nuestro país, mismamente en Madrid. El calor del público, la excelente asistencia...está claro que el concierto de Bilbao no fue del todo bien porque por el motivo que sea no hubo demasiado público (el precio de las entradas...el que el concierto cayera en jueves y no en viernes...) pero en el pabellón madrileño nuestras dudas, que reconocemos eran muchas a priori, se disiparon totalmente. Había quedado claro que a Paul Simon si se le reconoce y aprecia en nuestro país, y de hecho nos asombramos mucho cuando al dar la vuelta al recinto, una vez estábamos ya en la calle, y volver al punto donde habíamos coincidido con el artista unas horas antes, los miembros de seguridad habían tenido que vallar toda la salida del backstage debido a la congregación de gente que se había apostado allí esperando la salida del artista. Cada vez que salía alguno de los músicos de camino al autobús que los llevaría de vuelta al hotel la ovación era tremenda, y llegado el turno de Paul Simon el estruendo ensordecedor. Nosotros ni siquiera hicimos el intento de verlo, estaba claro que con la cantidad de gente que había allí alrededor de las vallas era misión imposible, pero solo por el "escándalo" se entendía perfectamente que estaba ocurriendo. Ojalá ese calor y aprecio sirva para algo en el futuro.

Y si no, tampoco pasa nada. La alegría de haber disfrutado de este grandísimo concierto nos va a durar para siempre, por diversos motivos está ya entre nuestros recuerdos predilectos, como decíamos antes hemos cerrado el círculo en diversos sentidos. Y lo que esté por llegar pues bienvenido sea.

Al día siguiente nos despedimos de Madrid, mientras Simon aprovechó el día libre para hacer turismo por la capital y asistir a un tablao flamenco por la noche antes de terminar su tour europeo dos días después en Dublín.

Gracias a todos los amigos de The Sound of Simon por todo el cariño recibido y buenas palabras hacia la web y sobre todo gracias Paul, gracias por otro día inolvidable, maestro.

 


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