Paul Simon Bajo Il Castello

Por
Javier P.D.


Hace dos meses me enteré de que Paul Simon hacía gira europea, y por desgracia, tampoco en esta ocasión iba a aterrizar en España para hacernos protagonistas de su música en directo. Me fijé en las fechas y las ciudades donde tocaba, y me llevé una sorpresa al ver que el 22 de julio daba un concierto en Udine, Italia. En esa ciudad viví durante seis meses, así que ya tenía la excusa ideal para volver allí y ver de nuevo a los amigos que aún conservo.

La tarde del 22 de julio andaba yo nervioso. Estaba tomándo un café con unos amigos cuando a eso de las 6 de la tarde empezó a llover a cántaros. El concierto iba a tener lugar al aire libre, en una explanada de un lugar conocido como Il Castello, que es un palacio que está en lo alto de un monte en la misma ciudad de Udine. Cuando me acerqué a retirar mi entrada, me dijeron que si llovía el concierto se suspendía. Yo les dije: "Eso no puede ser, que vengo de España". Y un hombre que estaba detrás mía dijo: "Y nosotros de México".

Pero los dioses se apiadaron de nosotros, porque esas nubes se alejaron y tan sólo dejaron en la ciudad un frescor y un olor a aire limpio que sentaban muy bien. El concierto empezó un cuarto de hora tarde, a las 21:45. Debajo del Castello estaba el escenario, y allí salió Paul Simon acompañado de su banda. Eché en falta a Steve Gadd, pero reconocí a los demás habituales de los últimos años.

Sonaron los acordes de GUMBOOTS, y me extrañó que eligiera esa canción para iniciar el concierto. Me alegré de ver de nuevo al bueno de Simon, pues ya lo había visto en Milán en el año 2000. Vestía una camisa amarilla fuerte, una chaqueta fina gris y un sombrero como sólo los viejos rockeros saben lucir. Le siguió The Boy in the Bubble, la gran canción con la que empieza su disco GRACELAND. Me llamó la atención la contundencia de la batería en una canción poderosa como es ésta. Y a continuación, OUTRAGEOUS, su primera visita a su último disco de estudio.

Yo empezaba a darme cuenta de dónde estaba y lo a gusto que me encontraba escuchando en directo las canciones que tanto me emocionan. A mi lado, mi amiga Dolores, observaba con curiosidad las reacciones de las distintas personas que nos rodeaban. Muchos contemporáneos de Simon, pero también bastantes jóvenes y treintañeros. Los primeros empezaron a reaccionar con los primeros acordes de MRS. ROBINSON, en el cual Paul disfrutó con el guitarreo inicial antes de iniciar la letra que tan bien conoce su público.

Volvió Simon a su último disco con WHY DON'T WE LIVE IN THE NORTHEAST, una delicia sonora que, sin embargo, dejaba algo frío a los que esperaban más el sello S&G. Yo lo disfruté, entre otras cosas porque la calidad de sonido era impresionante. He asistido a muchos conciertos, y no recuerdo un sonido tan alto y claro como en éste. Ni un solo fallo. Se alegraron muchos cuando Paul empezó a cantar SLIP SLIDIN' AWAY, un clásico para que el músico dejara claro que aún sigue transmitiendo mucho con estas canciones personales. ME AND JULIO DOWN BY THE SCHOOL YARD y YOU ARE THE ONE hicieron mover más de un pie entre en respetable. La primera, una canción que Simon adora cantar, pues casi no falta en ninguna de sus giras; la segunda, ese primer single de su penúltimo disco de estudio.

Simon cantó después DUNCAN, una gran canción que el cantante tenía muy olvidada en sus giras, a pesar de que es un gran tema para lucirse entre los músicos. El público vibró con esta interpretación, y luego llegó su calmada TRAIN IN THE DISTANCE, en la cual Simon sorprendió con un crescendo instrumental que fue un deleite para los oídos. Volvió Paul a su disco del año 2000 para interpretar THE TEACHER, en el cual el cantante invitó al percusionista a compartir protagonismo junto a él, pandereta en mano.

Los músicos se tomaron un respiro y dejaron a Simon sólo en el escenario, acompañado únicamente de su guitarra acústica. Le bastaron tres acordes para poner muchos vellos en punta entre su público. Llegó el momento de THE SOUND OF SILENCE, el momento de los que más desean al Simon de los 60. Al acabar, muchos se pusieron en pie para aplaudir a rabiar. Después llegó una pequeña joya: COOL RIVER. Para mí, unas de las mejores canciones de Simon instrumentalmente hablando; una gozada los instrumentos de aire y su fuerza en la parte final.

Llevábamos 13 canciones y la siguiente fue THE ONLY LIVING BOY IN NEW YORK, canción recuperada para los directos en su anterior gira con Garfunkel, y que demostró que Paul sigue cantando igual de bien que siempre. A continuación llegó su obra maestra de los ochenta: GRACELAND, canción "de carretera" que jamás me cansaré de escuchar y que fue interpretado como siempre en este tema, siendo muy fiel a la grabación original. Después llegó FATHER AND DAUGHTER, canción que dejó indiferente a sus seguidores, la menos aplaudida y, en mi opinión, la única que sobraba del repertorio, pues es un tema muy lineal que no da mucho de sí para el lucimiento en un directo.

Y entonces llegó el momento de DIAMONDS ON THE SOLES OF HER SHOES, canción que dio un giro al concierto pues, a mitad de la interpretación, dejaron acercarse al escenario al público que estaba de pie, y los que estábamos sentados nos alzamos para seguir todos el ritmo final de esta eterna canción de Simon, con el guitarrista Stewart añadiéndose a los saxofonistas. Al finalizar, Paul y su banda abandonaron el escenario y el público empezó a pedir su vuelta, que no tardó en llegar. Por un momento, Simon apaciguó a sus seguidores con más ánsias de movimiento interpretando su balada por excelencia: STILL CRAZY AFTER ALL THESE YEARS.

Pero Simon sabe que cuando su público se alza, espera sus temas más moviditos, y no tardó en sonar su exitoso YOU CAN CALL ME AL, el tema que más hace mover a sus incondicionales y más parece alegrar a Simon en el escenario. Siguieron los ritmos africanos con THAT WAS YOUR MOTHER y volvieron a abandonar el escenario dejándonos a todos con ganas de más. A su vuelta, recurrió a uno de sus dos éxitos del dúo sesentero que faltaba por oír: THE BOXER. A falta de BRIDGE OVER TROUBLE WATER, todos coreamos el la, la, la de su mítica canción. Y Simon eligió como canción de despedida la misma con la que despidió el mítico concierto en Central Park del 81: LATE IN THE EVENING, su canción más alegre, la que consigue que todos los presentes, mayores y jóvenes, muevan sus cuerpos cautivados por el ritmo marcado por los saxofones.

Y esto es todo lo que ocurrió en Udine la noche del 22 de julio, en lo alto de un monte en medio del centro histórico de la ciudad, bajo la sombra de un Castello que no es castillo, sino palacio. Paul Simon me hizo disfrutar de sus melodías y sus ritmos gracias a su entrega y a una calidad de sonido admirable.

Os dejo tres enlaces para ver fragmentos de las siguientes canciones que he subido en youtube:




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