Noche de Sonidos Mágicos a Orillas del Sena

Por
Luis Miguel Polo


Después de perderme, por unas cosas u otras, los conciertos de Paul Simon en Europa, por fin pude desquitarme y verle en solitario (el único concierto hasta ahora fue en Madrid, año 1982, con Garfunkel).

Elegí París por las fechas y también para disfrutar de nuevo (hacía 20 años de mi última visita) de la “ciudad del arte y la cultura”.

El mismo día que vi los enlaces del Palais des Sports para sacar las entradas encargué dos por internet, en la tercera fila, aunque un poco esquinadas

Confieso que para mí era como asistir a un acontecimiento de esos que has estado esperando mucho tiempo. Además, el exceso de precio lo compensamos con un vuelo low-cost con escala en Beauvais (digo escala, porque se tarda una hora y veinte minutos hasta Porte Maillot en el autobús que te recoge, eso sí, según aterrizas).

Por fin llegó el jueves 10 de julio e iniciamos nuestro pequeño viaje. Llegamos hacia las 10 de la noche al hotel, elegido un poco al azar. Pequeño y sobrio pero acogedor, nos deparó la grata sorpresa de la torre Eiffel desde la ventana de la habitación

El día siguiente devoré la prensa local buscando alguna reseña del concierto….¡nada! Ni siquiera un simple cartel anunciador por las calles. ¿Es que no saben que hoy actúa Paul Simon?

Por la mañana dimos un largo paseo por los Champs Elysees, cruzamos el Sena por el puente de Alexander III y terminamos visitando el museo de Orly, donde puedes disfrutar a un tiempo de la pintura impresionista y de la arquitectura de la antigua estación de ferrocarril.

Justo antes de salir para el concierto descubrimos que delante del hotel pasaba un autobús (el 80) que nos dejaba en la misma Porte de Versailles, lugar de emplazamiento del Palais des Sports. El problema es que lo cogimos en dirección contraria. Afortunadamente Mayte consultó al conductor quien, amablemente, nos recomendó la otra orilla de la rue, para llegar con tiempo a nuestro destino.

No había pérdida, ya que era exactamente la última parada. El concierto empezaba a las 20:30 y eran ya las 19:15 cuando llegamos, pero no había casi gente.

Me tranquilicé al ver el cartel del concierto en la fachada del Palais

La hora larga de espera se me hizo eterna. Al menos nos divertimos con las acomodadoras viendo las caras de la gente cuando sugerían en francés (y, si no respondías afirmativamente, en inglés –“may I ask you for the tip?”-), que se veían en la necesidad de solicitar la propina ya que era el único emolumento que recibían de la organización (sólo las faltaba decir que habían tenido que pagar la entrada …)

A las 8:30 aquello ya presentaba un buen aspecto. La zona alta estaba desocupada, eso sí. Mayte y yo calculamos, a ojo, que podríamos ser unas 1.600 personas.

Por fin salió la banda, Paul el último. Una breve inclinación y una pequeña sonrisa fueron el único preludio a los acordes rítmicos de Gumboots. La frescura de este tema de Graceland fue un buen comienzo, en el que ya pudimos observar el peso que iban a tener las percusiones (dos percusionistas, además del batería y los apoyos de Tony Cedras o el propio Simon en algunos temas) y los instrumentos de viento en la actuación.

El sonido perfecto, en un local de magnífica resonancia… y a escasos 10 metros, en línea recta, Paul Simon en persona (no lo habría soñado mejor). Se le ve mayor me dice Mayte, pero canta de maravilla. Yo suscribo el comentario y me apuro a apuntar en mi block, casi a oscuras, las canciones según las va interpretando (es mi compromiso con el foro thesoundofsimon.tk, en especial con Mikel, que le verá dentro de poco en Roma)

El siguiente tema se inicia con el sonido del acordeón de Tony en una melodía que rápidamente identificamos. La gente saluda con estrépito la sintonía de The Boy in the Bubble. Paul acompaña con la guitarra acústica rítmica y se luce Bakithi Kumalo con el bajo. Esto va bien…

El tercer tema es para el protagonismo de las guitarras eléctricas de Paul, Vincent Nguini y Mark Stewart: “Outreageus”, desde el más reciente Surprise. Sigue el listón bien alto y los sonidos, perfectos, acariciando los tímpanos (al menos los míos, sé que hay gustos, tantos como colores).

Había algún nostálgico de la época dual que saludó efusivamente la entrada de Mrs. Robinson, aunque en general los asistentes seguían un tanto fríos. (¿Público exigente, o es que nos estamos haciendo mayores?). Paul guardó algún silencio estratégico para que cantaramos algún trozo conocido, pero no nos arrancamos (al menos de momento). La ovación, eso sí, fue espectacular.

Para seguir, una nueva vuelta a las guitarras envolventes de Surprise, con una versión soft de How can you live in the northeast? Genial. Charley Drayton (batería) cubre bien la baja de Steve Gadd.

Por fin bajan un poco las revoluciones con Slip Sliding Away, las guitarras acústicas marcan el ritmo, y el propio Tony Cedras se apunta a la guitarra, demostrando su versatilidad y buen hacer. Mark Stewart e incluso Vincent Nguini hacen los coros a Simon, con buena nota.
Alguien hace un comentario en francés y Paul (poco locuaz, según es él), se limita a señalar a Vincent Nguini como francófono. Este recoge el guante y nos desea, a ellas y a ellos, que tengamos una estupenda noche …

A continuación una incursión por los sonidos brasileños en “Spirit Voices”, y en la que se sustituyen los versos cantados en portugués por Milton Nascimento, en “The Rhythm of the Saints”, por secciones de viento a cargo del virtuoso Andy Snitzer. Luce, especialmente, la guitarra de Vincent Nguini.

Las pulsaciones nos suben cuando arranca “Me and Julio Down by the Schoolyard”. Ahora sí que cantamos y damos palmas al unísono. Las guitarras rítmicas se acompañan de los silbidos harmónicos de Paul y Mark. Nuevo lucimiento de Andy, y nueva visita de Tony a la guitarra. Ovación del respetable.

“You are the one” me produce algo así como escalofríos. Sonidos impecables envueltos en una percusión de la que sólo escapa el acordeón de Tony. El percusionista Jamey Haddad viene acompañado por alguien desconocido para mí (aunque estuve atento cuando Paul le presentó, no pude entender su nombre).

El siguiente tema fue sin duda el que más me impactó, quizás porque no me esperaba el excelente nivel de la versión ejecutada. Simon compuso “Duncan” en 1972 para tocarla con Los Incas/Urubamba. La interpretación de Paul a la guitarra acústica fue un auténtico derroche de talento, aunque él parecía no inmutarse al ejecutar los difíciles arpegios. Las flautas andinas fueron sustituidas por los instrumentos de viento de Mark Stewart (Músico con mayúscula), Andy y Tony. Sonó de fábula. Aplaudí con todas mis fuerzas.

Otro espectador grita algo en inglés que no logro entender. Paul responde con un lacónico: “I remember that…”

La calidad del concierto sigue en lo más alto con “Train in the distance”. Otra vez el saxo de Andy da el contrapunto perfecto.

The Teacher, de su penúltimo disco de estudio, nos concede otra degustación de sonidos impecables, con unas percusiones de lujo, con Tony en el acordeón.

A estas alturas, aunque no recuerdo exactamente en cual tema, Paul invita a Jamey Haddad a acercarse a primera línea. Porta un chaleco de percusión que, según tengo entendido, se fabrica personalmente.

Tras la ovación en The Teacher, la banda se retira (espero que cumpla el guión y toque las 25 canciones de turno, pienso), pero Paul no se marcha. Coge su guitarra acústica y empieza a desmenuzar los acordes de The Sound Of Silence. Juega de nuevo con los arpegios en una versión acústica ejecutada completamente en solitario. Otro deleite, sin duda.

Vuelve la banda, con Vincent Nguini de figura en The cool cool river. Nuevo guiño a la nostalgia con The only living boy in New York. Paul no se extralimita y resulta mucho mejor que la versión publicada en el DVD “Old Friends”, con Garfunkel. Mark, Tony y el propio Vincent hacen los coros, bien harmonizados.

Con la gente intentando acercarse al escenario y otros muchos de pie o bailando, se recibe con aclamación la primera nota de Graceland. Nuevas palmas acompasadas y nueva demostración de las guitarras (mención especial para Mark). El público se entrega definitivamente a la causa

Father and Daughter es la siguiente canción, interpretada con un ritmo algo más suave que la versión oscarizada. Es aquí, y mira que iba bien, cuando aparece un pequeño acople de sonido que, momentos después, se convierte en un mediano acople. El agudo pitido hace que el propio Tony Cedras mire hacia la torre de control algo mosca…Pero todo queda en eso, afortunadamente. Simon hace otra interpretación vocal magistral, de las suyas.

Aún quedaba un plato fuerte, por supuesto: “Diamonds on the soles of her shoes”. Aquí ya no hay tregua, todos, hasta donde yo veo, estamos de pié, bailando, cantando y dando palmas. La guitarra de Vincent y el sólo de Bakhiti nos llevan en volandas hasta el apoteósico final de batería y percusión confrontadas.


(mi cabeza y oreja)

Final del primer acto, aplausos y cánticos populares que son escuchados con una nueva puesta en escena.

Los teclados de Tony Cedras dan entrada a los primeros versos de “Still Crazy after all these years”. Simon lo borda y el saxo de Andy parece transportarnos al Central Park con Michael Brecker.

A continuación uno de los indispensables: “You can call me Al”. La gente se ha acercado al escenario (los que han podido). Paul acerca el micrófono a un espontáneo que declama encantado: Call me Al!

Finaliza la triada con That was your mother, me hace pensar que Simon es consecuente con el éxito aún vivo de Graceland, aunque, a estas alturas empiezo a pensar que me voy a quedar sin escuchar Wartime Prayers, American Tune, Something so right, Peace like a river, Proof y, por supuesto, Thelma, que pasa por una de mis favoritas. Tengo asumido también que no habrá un guiño a The Capeman, por buenas que sean sus canciones.

Este último tema es impecablemente interpretado, con Mark Stewart incorporado a la sección de saxos (uno tenor espectacular) y el acordeón de Tony marcando el ritmo.

Nueva despedida aunque poco efusiva… (volverán), aunque se hacen querer un poco y los reclamamos con vehemencia. Ya de vuelta, nos entregan dos últimas perlas.

La primera es otro clásico: The boxer, coreada por los asistentes (nos la sabemos) y la última es, cómo no, la que mejor puede poner colofón a un concierto: “Late in the evening”. Aquí Tony Cedras llega a tocar a un tiempo el teclado y la trompeta (bestial, por no decir otra cosa). Las secciones de viento se desplazan una estrofa, pero entran con fuerza al final, cerrando así esta genial actuación.

Saludo del grupo abrazado, estreche de manos a algunos afortunados y a los dos minutos ya estaban los operarios desmontando el escenario, aunque tardamos en darnos por aludidos, esperando, al menos, un saludo más de nuestro pequeño genio.

Tampoco encuentro reseñas de la prensa francesa el día siguiente, pero sí que tendrá, el que lo desee, estas pequeñas líneas en castellano, tan subjetivas como legítimas.

 

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